El autor de nuestra próxima lectura reivindica el poder de las palabras para hacer que emerja la mejor versión de las personas más anodinas en El lector del tren de las 6.27, una suerte de fábula surrealista aderezada con ternura y humor negro, que ha sido un éxito de ventas y se ha traducido a 25 idiomas.

Su protagonista, Guibrando Viñol, es un obrero de una planta de reciclaje de papel que ama los libros y está deprimido por una profesión que detesta: destruir libros al introducirlos en una máquina trituradora que se llama La Cosa.

Este desdichado personaje encuentra una solución provisional a su desconsuelo. Cada día regala 20 minutos de lectura en voz alta a los pasajeros del tren que une París con los suburbios, pueden se páginas sueltas de obras maestras como recetas de cocina. Al principio, «la lectura es impuesta a la gente» y al final «todos la acaban disfrutando» y, más allá de un homenaje a la lectura, la novela se convierte en «una declaración de amor a la palabra escrita y la palabra pronunciada», ha expresado Didierlaurent.

A su alrededor, aparecen los personajes más esperpénticos, como un guardia de seguridad que habla en verso alejandrino, una princesa cuyo palacio es un aseo público, su amigo mutilado, que hará lo imposible por encontrar sus piernas y, por supuesto, la máquina trituradora, que es el monstruo.

 

 

 

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